VIDEO | La facultad de estar atentos a lo que nos pasa es fundamental para el equilibrio emocional. Como cualquier habilidad, se puede entrenar como si fuera un músculo: si adiestramos la atención la fortalecemos y si no lo hacemos se atrofia.
por Oscar Hernando*
Hoy día estamos muy ensimismados en nuestros problemas, llenos de pensamientos recurrentes que no nos llevan a ningún lugar. Evocamos permanentemente un pasado con errores y arrepentimientos y un futuro lleno de peligros e incertidumbres, y nos cerramos a la experiencia del presente. Lo hacemos de manera más o menos consciente.
También nos cargamos de distracciones banales, a veces por temor a no poder soportar un presente vacío, que no está a la altura de nuestras expectativas y que no sabemos cómo manejar. Y entonces vamos postergando el ahora, no lo vivimos, y vamos debilitando este músculo que hace falta fortalecer. Si lo hacemos nos hará vivir hoy, aquí y ahora, para ver con ojos más limpios lo que nos rodea y comenzar a construir la vida que merecemos.
La atención es un estado de alerta que debemos practicar hasta hacerlo un hábito. Al principio nos demandará un esfuerzo, una energía extra. Esto no significa estar tensionado, como un boxeador con la guardia alta. Debemos concentrarnos en la experiencia presente. En los sonidos, olores, colores, texturas, sabores, personas y paisajes. Si nos metemos de lleno en el presente podemos llegar a mirar a las cosas y las personas con “ojos de principiante”, vaciados de prejuicios, como quien ve algo por primera vez. Veremos cómo el entorno nos afecta, pero librados de las trampas del ego. No significa que debemos abandonar nuestras tareas y abocarnos solamente a la contemplación, sino ser más permeables a nuestro entorno, sin dejar nuestro trabajo o nuestras ocupaciones habituales.
Con el tiempo incorporaremos esta capacidad de atención como un hábito y será algo natural que hará nuestra vida más rica. Ya nunca más diremos que “no nos pasa nada”.
Aún la rutina más monótona puede adquirir otro significado si prestamos atención a los detalles, ya que veremos matices y sutilezas que harán que cada momento sea distinto. Actuando así salimos de una prisión mental y se nos despeja la mente para, a partir del presente, poder relacionarnos de manera más amigable con nuestro pasado y nuestro futuro.
Cómo salir del piloto automático
No estamos atentos al entorno, y aun estándolo tenemos filtros perceptivos, que son límites en nuestra forma de ver las cosas. Creemos que estamos captando todo lo que pasa a nuestro alrededor pero no es así. Estamos en piloto automático: miramos pero no vemos, oímos pero no escuchamos.
Uno de los primeros pasos será comprender cómo vemos la realidad a través de filtros perceptivos, poderosos pero ocultos. La práctica de la atención hará que podamos llevar esos filtros a la consciencia para luego abordarlos, revisarlos y superarlos si fuera necesario. El primer trabajo a realizar será entonces ser conscientes de estas limitaciones, ya que muchas veces no sabemos que no sabemos, o mal interpretamos una información y no nos percatamos de que solo es nuestra visión de los hechos. Esto nos suele producir enormes inconvenientes.
El material de la presente nota ha sido extraído del libro “Las claves del equilibrio emocional” de Editorial Dunken (2018).
*Oscar Hernando – Coach e Instructor de Inteligencia Emocional
Contacto: Facebook Inteligencia Emocional MDQ – www.inteligenciaemocionalmdq.com.ar